Escribe: Sarko Medina Hinojosa
François Villanueva Paravicino es escritor y corrector de estilo. Publicó nueve libros en ocho años, con premios en Perú, España y Colombia, mientras reedita “Los placeres del silencio”, poemario que define como “algo litúrgico y sagrado”.
François, has publicado nueve libros en 8 años. La mayoría de mis libros ya estaban escritos desde joven, es decir, antes de publicar mi primer libro a los 28 años. He escrito durante toda mi vida. Desde entonces, me dedique a corregir, descartar y a seguir escribiendo cuentos, novelas y poemas, forjando así nuevos títulos. Ahora lo hago más que nunca, porque lo asumo como un oficio.
“Cuentos del Vraem” aborda una zona de conflicto. Como crecí desde niño allí, narro una visión personal y social de la zona, pero me he servido de modelos como Chéjov, Maupassant, Poe, Borges, Faulkner y Bolaño para hacerlo estético. También escribo desde la experiencia de alguien que ha ejercido el oficio del hombre de prensa, que, como decían Hemingway, Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, resulta de gran ayuda.
Ahora reeditaron tu poemario “Los placeres del silencio”. La poesía, para mí, es algo litúrgico, sagrado. Mientras que en la narrativa soy más telúrico, más pedestre, más cercano al hombre del pueblo, en la lírica siento que debo ser metafórico, simbolista, retórico. Manejo dos concepciones distintas en ambos géneros. Tal vez esto se deba a que leí desde muy niño a Luis de Góngora y Argote y a Francisco de Quevedo, poetas del Siglo de Oro español, cuyas composiciones eran altamente metafóricas. Sin embargo, también leí tempranamente a Javier Heraud, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Federico García Lorca; pero la poesía que más me atrae es la clásica, la más retórica.
¿El corrector que llevas dentro arruina al escritor o lo mejora? Definitivamente, te ayuda a ser más consciente del oficio de escritor. Creo que te mejora como autor: escribes con mayor técnica, de forma más pulcra, y sabes que siempre debes entregar un buen producto al lector, es decir, al público. Es un oficio muy exigente, que demanda una gran responsabilidad. Sin embargo, como también me han dicho algunos amigos, es un trabajo complejo, porque implica aplicar tu criterio para embellecer los textos de otros autores.
¿Qué diferencias encuentras entre lo que buscan los jurados peruanos y los internacionales? Preferiría hablar de sus similitudes. Todos los premios buscan reconocer una obra de calidad. En general, la obra premiada debe alcanzar un estándar básico. Sin embargo, como decía Miguel de Cervantes en El Quijote, de forma categórica —porque en la literatura uno debe serlo—, muchos de los premios principales suelen tener ya destinatarios, sea por trayectoria u otros factores. Por ello, un autor joven debería aspirar, en principio, a figurar entre los finalistas o a obtener menciones honrosas, lo cual también es valioso. En cuanto a las diferencias, podría decir que siempre existen intereses propios de cada país.