Universitario de Deportes decidió mover una de sus piezas más cuestionadas en plena turbulencia deportiva. El club anunció este martes la salida de Álvaro Barco como director deportivo, poniendo fin a una gestión que quedó marcada por resultados irregulares, decisiones discutidas y una fuerte presión de la hinchada tras el bajón futbolístico del equipo en el Torneo Apertura y la Copa Libertadores. La institución comunicó que la desvinculación se dio “por mutuo acuerdo”, aunque el contexto deja claro que la crisis deportiva terminó acelerando una decisión que ya se veía venir.
La salida de Barco se da en uno de los momentos más delicados del año para Universitario. La reciente derrota ante Alianza Atlético en el Monumental no solo golpeó en la tabla, también terminó por profundizar el malestar interno en un club que ya venía acumulando cuestionamientos por el bajo rendimiento colectivo y la falta de respuestas desde la planificación deportiva. En ese escenario, la continuidad del exdirectivo perdió sustento y la administración encabezada por Franco Velazco optó por cortar el vínculo antes de que el desgaste fuera mayor.
Uno de los principales focos de crítica contra Barco fue el armado del plantel para esta temporada. Varios de los refuerzos promovidos desde su gestión no lograron consolidarse y terminaron en el centro de los cuestionamientos, tanto por su bajo rendimiento como por el escaso impacto que tuvieron en un equipo obligado a competir en el torneo local y a nivel internacional. Nombres como Héctor Fertoli, Sekou Gassama y Miguel Silveira fueron apuntados por la hinchada y la crítica como apuestas que no estuvieron a la altura de las expectativas, debilitando aún más la evaluación de su trabajo en el área deportiva.
El club también confirmó que Antonio García Pye asumirá funciones en el área deportiva de manera interina, en una etapa en la que Universitario busca reordenarse con urgencia y tomar decisiones clave para encaminar el resto de la temporada. Su llegada apunta a evitar un vacío de poder en un momento sensible, especialmente cuando la elección del nuevo entrenador y la recuperación futbolística del equipo aparecen como prioridades inmediatas. La administración sabe que el margen de error se redujo y que cualquier nueva decisión equivocada puede profundizar aún más la crisis.
La salida de Álvaro Barco no resuelve por sí sola los problemas de Universitario, pero sí confirma que en Ate comenzaron a rodar cabezas. Ahora, la presión ya no está en los escritorios: vuelve a estar, con más fuerza que nunca, dentro de la cancha.